Existe el mito de que entrenar pesado o de forma intensa implica necesariamente convivir con el dolor. En la medicina deportiva y la traumatología, es fundamental derribar esta creencia: el dolor no es sinónimo de progreso.
Confundir la adaptación muscular natural con el sufrimiento articular es el error más recurrente que lleva a convertir pequeñas inflamaciones leves en lesiones crónicas incapacitantes.
Es indispensable aprender a escuchar las señales fisiológicas que emite el organismo durante y después de cada sesión de entrenamiento:
Si sientes molestias articulares en cada sesión, tu cuerpo no se está adaptando al estímulo: se está lesionando progresivamente [00:00:13, 00:00:15].